“Cada día, en este liceo, se producen una serie de irregularidades que atentan contra lo más sagrado que se nos promete: el derecho a una educación digna y de calidad”

By on 14 mayo, 2025

N. del D.: Estas palabras fueron extractadas del discurso pronunciado por Aníbal Monsalves Matus, Vicepresidente del Centro de estudiantes del Liceo Bicentenario Padre Alberto Hurtado Cruchaga de Loncoche que asumió en el acto oficial del Día del Estudiante celebrado el viernes 9 pasado.

Hemos estimado pertinente, por su relevancia, publicar el discurso completo para conocimiento de la ciudadanía toda.

“Queridos compañeros:

El medio es agreste, pero jamás ha flaqueado en nosotros la fuerza de juventud frente a los desafíos de la vida.

Cinco años ya desde que don Alberto Velásquez Castro dejó la dirección de nuestro liceo. Por entonces, esta institución se alzaba como una de las más destacadas de la región. Los puntajes SIMCE y PSU daban cuenta de un trabajo bien hecho, y el reconocimiento como Liceo Bicentenario era la coronación de ese esfuerzo. En esta comuna, la más vulnerable y postergada, el liceo Padre Alberto Hurtado era una excepción luminosa. Una verdadera flor de loto, en medio de un pantano. Aquello fue, sin duda, el resultado de una gestión comprometida y eficaz, que brindó a generaciones pasadas las herramientas para aspirar a un mañana mejor.

Hoy, lamentablemente, de ese esplendor sólo quedan testimonios. Nuestra comunidad educativa atraviesa una crisis profunda que parece no dar tregua.

En las salas se ha diluido el respeto; los pasillos, más que espacios de tránsito, se han convertido en improvisadas pasarelas; el patio, que antes ofrecía descanso, hoy resuena con estridencias que pocos podrían llamar música; los implementos desaparecen de las salas y nadie dice nada; y la biblioteca, símbolo del conocimiento, permanece olvidada. Allí, incluso se expulsa a estudiantes para dar cabida a importantes reuniones. Lo mismo ocurre con el gimnasio, que pasa a manos de la municipalidad para actos y ceremonias, dejando sin clases a quienes les corresponde. Las peleas verbales y físicas, por su parte, se han vuelto demasiado frecuentes como para ignorarlas, y tanto alumnos como profesores y directivos, han dejado hace mucho ya de responder al reglamento.

Es evidente que estamos frente a una crisis de convivencia, y no es sólo local, sino nacional. Y esta no se resolverá con concursos de disfraces, actividades lúdicas o jornadas “reflexivas” que muchas veces carecen de profundidad y entorpecen la labor docente.

Y ya que muchos no se atreven a formular la pregunta de fondo, lo haré yo: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? La responsabilidad, inevitablemente, recae en los adultos que dirigen, aquellos con la formación y el deber de guiar. Porque, al final, no es el cuchillo el que corta, sino la mano que lo empuña.

Medidas mal concebidas como la tómbola escolar y reformas aplicadas durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet, inspiradas en ideas como la de “bajar de los patines” a quienes estaban mejor posicionados, como dijera el ex ministro Nicolás Eyzaguirre, están teniendo hoy consecuencias evidentes. Basta mirar a nuestro alrededor.

Cada día, en este liceo, se producen una serie de irregularidades que atentan contra lo más sagrado que se nos promete: el derecho a una educación digna y de calidad. Y por ello, no solo podemos, sino que debemos alzar la voz.

“Pensamiento crítico, pensamiento crítico, pensamiento crítico” es la pregona que se pasea por los pasillos. Nos hablan, constantemente, de él. Nos invitan a expresarnos, a participar, a hacernos parte de la construcción de nuestra educación. Pero, al momento de actuar, muchos de quienes enarbolan ese discurso callan o censuran. Nos piden compromiso, pero llegan tarde, poco preparados, vestidos sin decoro, impartiendo clases sin profundidad y decisiones sin consistencia. Nos quitan horas de aprendizaje en nombre de actividades “entretenidas”, jornadas reflexivas, reuniones improvisadas o porque la CUT llamó a paro. Y al día siguiente, somos nosotros los reprendidos por no traer uniforme o por usar el teléfono.

Compañeros de cuarto medio, me dirijo a ustedes especialmente: ya no somos niños. Es tiempo ya de tomarnos las cosas en serio. Las alianzas, los cambios de uniforme, las actividades recreativas… todo aquello es ornamental. El daño ya está hecho. Las clases que perdimos, nadie nos las devolverá. Quizás salgamos de aquí menos preparados que nuestros coetáneos del Colegio Alemán o del Oxford School, pero aún así, quiero hacer un llamado a la unidad.

Podemos, y debemos, trabajar por quienes vienen después, por los más pequeños, que aún pueden ser salvados.

Es cierto: no nos corresponde a nosotros dar esta lucha. Deberíamos estar concentrados sólo en estudiar. Pero cuando quienes debieran hacerse cargo no lo hacen, a veces no queda más que tomar la posta por un bien superior.

Como C.C.E.E. Burbe, nos comprometemos a impulsar un cambio real, profundo, que tenga como centro lo que verdaderamente importa: nuestra educación. No nos moverán “revoluciones” o eslóganes vacíos, sino la convicción de que estamos defendiendo algo invaluable.

Y a quienes estas palabras puedan incomodar, les recordamos que no hemos hecho otra cosa que indicar lo evidente, y ejercer aquello que tanto se nos exige.

Pensamiento crítico se nos pide, pensamiento crítico es con lo que contestamos.

Muchas gracias”.

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