OPINIÓN: Loncoche nos duele: entre las risas, primer combo y la crónica roja
Marco Silva Cornejo
Académico criminología infanto adolescente wallmapu

Cuanto dolor nos provoca como comunidad lo que está viviendo Loncoche en función de la temática de las violencias y sus actores. Los hechos adquieren mayor relevancia aun, cuando sus protagonistas son adolescentes y las víctimas son atacadas con premeditación y tanta rabia-frustración acumulada.
En términos académicos la violencia es definida: “como un acto consciente al servicio de la satisfacción del deseo propio y busca generar un daño moral, psíquico o físico el sujeto-objeto de la violencia” (Perrone,2011). Por tanto, la violencia es distinta a la agresión, que es un acto impulsivo, no consciente, en donde esencialmente juega un rol importante la falta de control de impulsos y las ansiedades. Por tanto, no todo acto de daño es un violento.
Sin duda y como lo han planteado otras voces que han reflexionado sobre este tema en la comuna, preocupa urgentemente lo vivido, pues la ecología (contexto y entorno) de la violencia en Loncoche pareciera estar naturalizándose o normalizándose de manera preocupante en diferentes niveles de la convivencia comunitaria e institucional.
Un ejemplo de esto es que frente a la preocupación y necesidad de atención sobre las violencias en profesores del LPAH. Se responda, ante una legítima herramienta y recurso legal de los y las trabajadoras, como la huelga o la movilización (que no es violencia) con la metáfora “ellos pegaron el primer combo”.
La pregunta que surge es ¿por qué frente a un llamado de atención bajo herramientas legales de los profesores, se responda públicamente con una narrativa donde la violencia es la protagonista?, pues cuando algo nos preocupa y nos movilizamos como ciudadanías, no esperemos que la interpretación del interlocutor sea “agarrarse a combos”, sin duda hay ahí un llamado de atención en el aprendizaje social y en el modelaje (educar con el ejemplo, más aún cuando se es figura pública) que desde las autoridades se va entregando a la comunidad como mecanismo de abordaje frente a nuestras diferencias y legítimos conflictos en la construcción cotidiana del ser comunidad.
La comunidad como sentido es mucho más que un slogan político, es una actitud y una práctica vinculada a instalar relaciones de buenos tratos como base de la construcción social y las interacciones comunitarias e interinstitucionales. La comunidad como sentido es una práctica social que se construye en la convivencia cotidiana (día a día) y en donde todos y todas somos co-responsables. Sin duda, es una tarea que trasciende a las autoridades de turno y que nos interpela a todo/as a co-responsabilizarnos desde nuestras practicas cotidianas en la relación con los otros y otras.
Este desafío implica dejar de lado el revanchismo y el clientelismo como forma de entender la comunidad. Pues el peor error, es creer que el espacio social responde al dinamismo feudal (rey-súbditos) donde tengo adherentes y enemigos. Tener la generosidad de abrirnos a escuchar y entender las necesidades del otro es la forma de educar en la no violencia, buscando colectivamente soluciones a los malestares propios del desarrollo de personas, familias, comunidades, organizaciones e instituciones.
De manera complementaria la evidencia científica (estudios y modelos) es categórica en señalar que el abordaje de estas problemáticas sociales requiere respuestas de alta complejidad técnica y no de operadores políticos al servicio de tal o cual liderazgo o sector político, ese reduccionismo solo limita el alcance de las respuestas y entrampa las posibles salidas a un problema real y urgente que la comunidad de Loncoche debe asumir en su conjunto.
Más allá del morbo noticioso, el rumor en la plaza, oficina y el comercio. Lo que está viviendo Loncoche nos interpela y nos debe activar a ponernos a disposición de generar estrategias de acción y prevención integrales, revisando en cada uno nuestras propias prácticas y sumar esfuerzos para cambiar la trayectoria de situaciones dolorosas en donde tres adolescentes son protagonistas de un relato macabro y espeluznante, pero que tiene su génesis en una historia donde todos y todas somos co responsables.
Criminalizar a estos adolescentes es la respuesta más herrada y nefasta que podemos asumir y esto no quiere decir des-reponsabilizar a las personas de sus actos, sino más bien ponerlas en contexto, vale decir, otorgarles sentido comprensivo para poder abordar soluciones pertinentes y no solo publicitarias y además mal informadas.
La socialización de la ignorancia es también violencia, como por ejemplo decir en medios de comunicación de masas que “no existe antecedentes en la historia sindical de nuestro país, de movilizaciones ex ante pliego de peticiones en las luchas gremiales, eso esta regulado y tiene un nombre desde hace ya varias décadas, se llama “huelga reglada”. A veces es recomendable cuando uno no sabe mucho guardar silencio, informarse y opinar debido a que se corre el riesgo de faltar a la verdad y desinformar, además de dejar expuesta la mediocridad formativa, profesional y personal de variopintos asesores locales.
Esta reflexión personal, tras un largo silencio escritural y presencial en la comuna, solo responde a mi cariño y dolor frente a lo que una comunidad que amo vive y sufre. desde ya con humildad y cariño, pueden contar conmigo en lo que crean que pueda aportar a sumar esfuerzos para problematizar, neutralizar y prevenir la instalación de las violencias como forma de comunicación interpersonal y comunitaria, que decir de las violencias institucionales en el trabajo o las organizaciones sociales.
Un abrazo a todos y todas los loncochenses en estos momentos donde los dolores y el espanto son parte del sabor que nos deja el cotidiano en el paladar de una comunidad que reclama sentidos de buenos tratos y no violencias.
Abrazos enormes y a vuestra disposición quedo querida comunidad.
N. del E. Imagen creada con IA












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